Archivo mensual: abril 2012

Cuatrocuentos #17

Con textos de Lina Meruane (Chile), Rodrigo Blanco Calderón (Venezuela), Gabriela Cabezón Cámara (Argentina) y Miguel Gomes (Venezuela). Además, Gustavo Valle recomienda “Que nadie se mueva”, de Denis Johnson (Estados Unidos).

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Lina Meruane: “Sangre en el ojo” *

 ¿qué ojo?

Inicio de un protocolo: quítate la ropa, ponte esta bata de franela floreada, ajústate estos pantalones demasiado anchos. Falta la gorra de plástico. Estás preciosa, exclama mi madre. Me ajusto la gorra mientras añade, estás igual que cuando eras una niñita. Mamá, le digo, arreglándome el pelo bajo un elástico descosido, ¿me quieres decir cuándo fui yo una niña? No recuerdo haber tenido ni un solo momento de infancia. Ni un instante de calma. Ni un segundo en el que no pensara cuándo me iba a tocar la varita de la desgracia. Mi madre no responde, hace un mohín, con toda seguridad se muerde el labio. Yo continúo intentando que mi pelo no se venga abajo, pensando por qué será que cuando hago una pregunta nadie me contesta, diciéndome que yo tampoco debiera contestar ahora que empieza el interrogatorio. Sigue leyendo

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Rodrigo Blanco Calderón: “Castel”

Lo único que necesito para poder contar esta historia es que me crean cuando les digo que su protagonista se llama Juan Pablo Castel. Si creen eso no les costará creer lo demás.

Nadia se lo dijo a sus nuevos amigos durante la primera ronda de cervezas que compartieron en su primer semestre en la Escuela de Letras. Lo dijo así, con nombre y apellido, con demasiado énfasis, por lo que todos asumieron que era una broma. Ella insistió en que ese era el verdadero nombre de su novio y entonces le dijeron que estaba loca. Sigue leyendo

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Gabriela Cabezón Cámara: “Primavera árabe”

Se desbarrancó, le patearon las estanterías, lo tumbaron en el barro junto con carro y verduras y frutas y él mismo se vino también abajo y no sabemos cómo, qué fue, si la forma en que rodaron las naranjas o la alfombra encrespada que hicieron las acelgas o el arco de bananas que lo coronó a él mismo hundido en el barro con el carro varado al lado como una ballena muerta o tal vez fue el canto del carro antes de caer, dicen que rechinó con fuerza, porque todo esto pasó lejos, en el África del Norte, pero allá también hay quienes los ejes de su carreta nunca los van a engrasar, Sigue leyendo

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Miguel Gomes: “Lorena llora a las tres”

A todas horas últimamente. A las tres lo hace con más fuerza, porque ya no le interesa disimularlo; es media tarde y se abandona, deja que le caigan las lágrimas sobre el fregadero mientras lava las ollas que quedaron del almuerzo o de la cena del día anterior. Yo me hago el desentendido; no es que no me importe o que no me parta el alma oírla así, pero no sé qué hacer. Me consta, además, que cualquier esfuerzo de consolarla empeora la situación. Me la figuro mirándome con cara de rabia, como la otra vez, como las otras —muchas— veces, antes de espetarme un insulto, Sigue leyendo

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