Cuatrocuentos #12 – Especial España

Cuatrocuentos #12. Edición Especial España, a cargo del editor invitado Javier Sáez de Ibarra, con cuentos de  Hipólito G. Navarro, Pilar Adón, Iban Zaldua y José Manuel Martín Peña.

“Ahora los críticos españoles –dice Sáez de Ibarra— y también los periodistas, afirman que el cuento vive aquí un momento extraordinario y hasta empiezan a igualarlo a la consagrada entre nosotros generación del medio siglo (Aldecoa, Fernandez Santos, Martín Gaite, Rodoreda, Matute, Fraile). Quien esto escribe sabe que no verá el veredicto del futuro, que dicen que es el bueno, en tanto discrepa de las competiciones. Así que me complace el gusto de presentar a los lectores de Cuatrocuentos, a estos autores que espero muestren una diversidad de estéticas posibles y un rato suficientemente extenso para el placer lector. Conque allá van:
          Hipólito Navarro, que ha ido ganando crédito como patriarca de lo breve, entre otras cualidades exhibe la de la construcción del relato. Las escenas se suceden con maestría, ofreciendo momentos y perspectivas que se suman, se comentan, se corrigen. Esto da lugar a la posibilidad de lo complejo, espacio a lo imaginable, silencios elocuentes y opciones para la interpretación; así como el sumo deleite de ir descifrando lo que se lee, o incluso después, cuando las páginas se han apagado y nos quedamos solos.
          Pilar Adón ha salido de un territorio de realidad conocida para adentrarse en un mundo de referencias distantes de lo español, quizá un viaje necesario para poder hablar de sutilezas que lo cotidiano nacional tiende a asfixiar. Este cuento, del que yo le dije a la autora: quería páginas (ella repuso: es un cuento), tiene vida propia porque los personajes en sus diversos triángulos cambian su identidad, el conflicto puede multiplicarse y esconde, o autoriza otros que el lector tendrá que escribir para sí mismo.
          Iban Zaldua no quiere ser pedante, no quiere brillar, no busca metáforas y a veces ni siquiera palabras; usa las que se tienen más a mano, las que decimos todos. Es vasco, y a veces habla de lo que ocurre allí. Como en un deseo de no hacernos olvidar lo reconocible, prefiere empobrecerse. Pero, entonces, lo que pasa queda ante los ojos con toda su pureza. Y eso mismo resulta agridulce, simpático, corriente, insoportable o, como en este ejemplo, melancólico.
          José Manuel Martín Peña medita, elige y pone cada palabra del cuento para corresponder a un fondo personal del que ha nacido. Ese fondo es, creo yo, una fe: la de que en la adolescencia se jugó ya lo esencial de la vida, de manera que contar es hacerlo con la certeza de que esa partida concluyó y lo que queda es ir dejando que emerjan las consecuencias irreparables de aquel resultado. Tal sensibilidad, que alimentó a muchos autores, y ha destrozado a casi todos, aflora con verdad en sus cuentos. Resulta que el tesoro de la intimidad, en apariencia generoso, sólo elige a los que quiere.” 

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