Archivo mensual: agosto 2009

Cuatrocuentos #4

Uno número más, sí. Esto es Cuatrocuentos #4, revista de cuento hispanoamericano. Con textos de Federico Vegas (Venezuela), Alejandra Laurencich (Argentina), Antonio García Ángel (Colombia) y Eduardo Cobos (Chile).

Adelante, adelante; como siempre, los esperábamos.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Cuatrocuentos

Federico Vegas: “José Luis Zuazola Gómez y Ricardo Miranda Loynaz”

 curas_leon

          Los curas de nuestro colegio pertenecían a una familia mitológica que ya entonces comenzaba a desvanecerse. Recién terminaban los extremos inverosímiles que sirven de sustento a la santidad. Los mitos se convertían en fama: la de la fuerza, la memoria, la hediondez, la ferocidad, la bondad, la telepatía; y estas reputaciones perduraban a través de nuestras imitaciones secretas y dos o tres frases que luego heredaban otros cursos.
         Casi todos eran vascos fuertes que en su juventud lanzaron enormes piedras contra la neblina, sudando una mezcla de aguakina y linaza. La quijada se les encajaba mas allá de los dientes sin encontrar reposo y el mentón siempre lo tenían tenso. A partir de ese máximo común denominador cada uno desarrollaba un gesto característico. Sigue leyendo

2 comentarios

Archivado bajo Venezuela

Alejandra Laurencich: “Cuando den las nueve en el barrio de jardines”

 reloj        

          El colectivo da un rodeo y deja atrás el barrio industrial. Un carro de asalto viene a contramano y la cocinera ruega que no aminore la marcha, que no bajen los uniformados a parar colectivos, pedir documentos, toda esa roña. Le han contado que hubo procedimientos en las casillas de la esquina la noche anterior. Que eran muchos los culatazos de itaka contra las puertas de chapa. Por suerte ella no estuvo, eran  las ventajas de tener un trabajo nocturno. Hacia dónde se dirige, podrá preguntarle alguno de estos y ella dirá: Soy cocinera en el Ibérico. Mi turno comienza a las ocho. Busca su documento en el bolso, y ve el reflejo de los cascos al sol de la tarde, la piel transpirada de esos hombres. Pero el vehículo verde oliva sigue de largo y se interna entre las casas de revoque a la vista y techo de zinc. Ella suelta el aire. Se mira las uñas, el pellejo áspero de la piel. Trata de quitarlo con un mordisqueo y huele el olor a cebolla. Ojalá tuviese pastillas de menta en su bolso, piensa, sabiendo que por un tiempo será difícil darse ese gusto, porque su hermano, ayer, la ha dejado más pelada que un pollo pasado al fuego. Sigue leyendo

6 comentarios

Archivado bajo Argentina

Antonio García Ángel: “Retrato de familia con Papá Noel”

 papa-noel

I

          Aunque el asalto había ocurrido en una modesta sede del Banco de Bogotá, la descripción de los criminales era familiar a toda la humanidad, desde Alaska hasta la Patagonia, desde París hasta las llanuras de Australia. Por eso el gerente de la sucursal le respondía al policía como si éste no perteneciera al planeta Tierra.
          —Ya le dije, oficial: cinturón negro, botas negras, pantalones y abrigo rojos, panza, barba blanca, un costal y el gorrito ése que tiene una borla en la punta. Papás Noel, Papá Noeles, yo no sé cómo se dice… Vinieron dos Papás Noel armados de escopetas, desarmaron al guardia, ordenaron que nos tiráramos al piso, encañonaron a las cajeras y se llevaron todo lo que había en la caja fuerte. Luego se despidieron diciendo «Vamos a otro banco ¡Jo, jo, jo! ¡Feliz Navidad!». Sigue leyendo

4 comentarios

Archivado bajo Colombia

Eduardo Cobos: “Los últimos días de John McCormick”

boogie_nights-criterion

a Juan Pablo Laroze   
Yo voy en tren / no tengo adónde ir
algo me late /y no es mi corazón
Beilinson y Solari

 

          Para mi sorpresa lo hizo. La policía dijo que utilizó un cuchillo. El pulso le falló y estuvo agonizando varias horas, incluso intentó llamar por teléfono. Como la Marylin, pensé. En los diarios utilizaron fotografías de cuando era adolescente, donde su rostro sonreía, para darle más dramatismo. Los titulares: John McCormick, artista porno se suicidó. Me quedé en casa varios días escuchando de vez en cuando la cinta con sus últimas palabras. La existencia se me apareció distinta sin mi amigo, porque para mí todo se hizo trizas, lo que le llamaban vida se cubrió con aspavientos, con bravuconadas silenciosas, habría que morder los sueños como si una venganza recurriera inútil, eso no es mentira, ya no tomaría más bourbon con él y con más nadie en el mundo. Todo comenzó hace un mes, con una llamada del Martin diciéndome que McCormick -entre algunos ex compañeros nos seguíamos tratando por el apellido- no se presentaba en los estudios de grabación por lo menos hacía quince días, y que si no volvía de inmediato, se iba a quedar sin trabajo. Sigue leyendo

Deja un comentario

Archivado bajo Chile